Para el doctor Moscoso Puello, médico e investigador social dominicano, personaje de altos méritos acumulados en Europa en la segunda década del siglo XIX y tal como expresa en su muy conocida obra "Cartas a Evelina" una de las grandes ventajas que tiene la República Dominicana sobre las demás culturas coetáneas, era la manera festiva y sencilla con la población y su clase gobernante; Podían ajustar y transformar en el corto tiempo esquemas y valores que representaron en un momento determinado "verdades" permanentes e inmanentes.
La referencia anterior viene al caso ya que, en este país, durante todo el período de su vida republicana iniciado a partir de la proclamación de la Independencia Nacional, en el año de 1844, el mismo ha venido debatiéndose frente al dilema del eufemísticamente denominado continuismo del ejercicio político administrativo de los gobiernos de turnos.
Para muchos, sobre todos para los que se sienten marginados de la sensación de pertenecer a los adherentes al núcleo de poder del partido político gobernante y reelecto, el Continuismo representa una mala palabra, una abjuración a principios, una traición de lesa patria, sin embargo, para los que se identifican y quizás disfrutan de la sensación del poder emocional que representan el considerarse parte del "Partido de Gobierno", el Continuismo no es un mal en si mismo, sino a veces, una necesidad histórica.
Las reflexiones históricas anteriores representan un andamiaje sobre el cual pretendemos edificar el esquema de las observaciones muy particulares que sobre el tema del Continuismo Gubernamental tenemos. Los juicios que a través del presente artículo haremos, están libres de condicionantes emocionales y de la búsqueda artificiosa de sinecuras, tampoco a través de los mismos pretendemos vender lisonjas de las que posteriormente permiten pasar por debajo de la mesa las facturas propias de los mercenarios políticos.
Veamos los casos y como estos mismos inciden en el por qué la sociedad dominicana necesita un espacio en el cual se le garantice a la población una opción confiable de futuro. Este fenómeno, esta necesidad no es nada nuevo, idéntico sentir han tenido todos los pueblos y todas las sociedades. El hombre parecer ser que por razones de su transitoriedad en el tiempo, necesita vislumbrar qué o cuáles cosas le espera en el corto giro de la evolución de los años.
Durante los pasados 14 años, transcurridos entre el corte del período presidencial del Presidente Joaquín Balaguer, ocurrido en el año 1994, y su posterior aislamiento y fallecimiento, al igual que la desaparición del líder máximo del Partido Revolucionario Dominicano, doctor José Francisco Peña Gómez, a pocos días del certamen electoral presidencial del año 1996, así como la posterior muerte del fundador y mentor del Partido de la Liberación Dominicana, dejaron al país dominicano, vacío, huérfanos de líderes y de dirigentes carismáticos y capaces de concitar el fervor de las multitudes.
Sin embargo, el Profesor Juan Bosch y el doctor Joaquín Balaguer, previendo que en el país se desataría el furor de las fuerzas de los mil demonios, contenidas en el caudal inmenso de las contradicciones contenidas en las principales fuerzas políticas de la nación para ese entonces (PRSC y PRD), contradicciones esta que podrían afectar el equilibrio democrático Institucional, deciden respaldar y postular como candidato Presidencial para los comicios presidenciales del año 1996, al doctor Leonel Fernández Reyna, un hombre humilde, intelectual, cariñoso, frio y calculador, sagaz, bien hablado, con profundas raíces de absorción capilar de lo mejor del sentimiento popular y de las expectativas insatisfechas de los grandes conglomerados humanos, logrando granjearse el respaldo popular de la mayoría del pueblo dominicana, logrando alcanzar por primera vez la Presidencia de la República.
Ese vacio de liderazgo con el accionar, la paciencia, sabiduría y sobre todo con la vocación de servicio a favor del progreso y bienestar de las grandes mayorías de los dominicanos y dominicanos, fue desapareciendo, absorbiéndolo de manera estrepitosa, el doctor Leonel Fernández Reyna.
Hoy los dominicanos y dominicanas contamos con un verdadero líder político, el profesor Juan Bosch y del doctor Joaquín Balaguer, deben sentirse regocijados, pues eligieron bien a su sucesor y por eso el país reeligió a ese hombre, al doctor Leonel Fernández Reyna, alguien que, por encima de las exigencias cambiantes del tiempo podía darle continuidad a un proceso de modernización, de logros materiales y de respeto institucional político que garantizará el ejercicio del libre juego de las ideas, sin atropellos, ni trapisondas, ni retaliaciones como pretendía avizorar las "Casandras del Patio".
Frente a los antagónicos planteamientos anteriores, la población necesita escuchar voces no comprometidas. Y nosotros nos preguntamos: ¿ Es lo mismo Continuismo que Continuidad ?. El cuestionamiento parecería semántico, casi tautológico, sin embargo, en el mismo hay profundas raíces emocionales que reflejan lo que precedentemente expresamos al citar al doctor Moscoso Puello. A este pueblo le venden fácilmente esquemas ajustables a circunstancias cambiantes como si el mismo fuera un simple protoplasma. ¿ Acaso no hubiese querido el pueblo dominicano la continuidad de la obra de gobierno de Gregorio Luperón, de don Ulises Espaillat, de Ramón (Mon) Cáceres y del profesor Juan Bosch ?
Las interrogantes anteriores reflejan que las contradicciones entre Continuismo y Continuidad representan paralelismos éticos y valorativos. Continuismo, políticamente hablando, es una forma del gobernante seguir en el poder sin importarle las consecuencias, los métodos, ni los resultados, pero mucho menos, sin respetar la voluntad del pueblo. Continuismo es Pedro Santana, Buenaventura Báez, Lilís, Trujillo.
Cuando el país dominicano, a través de la expresión voluntaria y mayoritaria de sus dirigentes representados por los beneficiarios de caminos vecinales, escuelas puntales y a tiempo, ubicadas en los lugares adecuados, cuando la población rural y marginal de barrios y aldeas recibe hoy día los beneficios de una simple instalación de acometida domiciliaria de agua potable, cuando esa misma población puede desplazarse por centenares de kilómetros de carreteras asfaltadas y caminos vecinales mejorados, olvidados desde hacia décadas, cuando más de 140 mil moradores de los barrios pobres de pueblos fronterizos , o las familias residentes en las lomas escalpadas y parajes olvidados que recibieron la mano solidaria de la Oficina de Ingenieros Supervisores del Obras Del Estado, del INVI, del INDHRI, de la CDEEE, de la CAASD, de INAPA, de AGRICULTURA, del IAD, de OBRAS PUBLICAS, siendo estos beneficiados con diversas obras, el excelente trabajo que realizó y sigue realizando en el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL) el doctor José Rafael Vargas, con la construcción y puesta en funcionamiento de más de 600 centros Tecnológicos, para que los pobres puedan utilizar las computadoras, cuando alrededor de 1.3 millones de estudiantes reciben en las escuelas alimentación primaria de sustentación proteica, cuando los empobrecidos y envejecíentes reciben la mano solidaria del gobierno a través de ayudas sociales, la tarjeta de solidaridad y el seguro médico familiar, cuando cientos de miles de dominicanos y dominicanas puedan abaratar su calidad de vida transportándose en el novedoso "Metro de Santo Domingo", entonces podemos entender claramente la diferencia entre los que anhelaban el Continuismo y los que reclamamos y respaldamos la Continuidad.
Pero parecería ser que todos los que respaldamos la Continuidad del Presidente Leonel Fernández Reyna, se encuentran en la acera de los desposeídos. No, no necesariamente es cierto. Entre los que respaldamos la Continuidad nos encontramos aquellos que entendemos que desde el 16 de agosto del año 2004, existen reglas claras y de respeto a las iniciativas privadas, a la inversión extranjera y que el otro improvisado pretendía estar jugando al ensayo del "modelito" fracasado de los vecinos del Son.
Pero por igual esos sectores saben con certeza que con la Continuidad del Presidente Leonel Fernández, hay estabilidad económica y cambiaria para largo, pero igualmente conocen y han interiorizado que en el actual mandatario tienen un delegatario que busca espacio de insertación en las economías mundiales y que el mismo, robándole tiempo al sueño, viaja, discute, expone en foros y encuentros internacionales el potencial humano, económico, espiritual y moral de un pueblo arisco y a veces levantisco que ha hecho sintonía total con el gobierno, por lo que no se necesita pecar ni pagar la paz social, para no pegar.
Por esas simples razones, cuando me encuentre con alguien de los que dicen que la reelección de los gobiernos es mala, yo, al fin, libre de prejuicios y de contradicciones podré responderle: "El Continuismo es malo cuando lo que se busca es la permanencia y presencia de oportunistas que ven en el ejercicio político ininterrumpido del gobernante una forma de seguir viviendo de la cosa pública, pero La Continuidad no es mala cuando lo que se continúa es una obra de servicio a los demás, pero sobre todo a los sectores históricamente olvidados de la sociedad dominicana".
Mientras tanto, yo, un simple mortal, creo que al igual que el 54% de los dominicanos y dominicanas que respaldamos la Continuidad del doctor Leonel Fernández Reyna, que elegimos lo mejor, partiendo de que lo bueno debía continuar, pero creo algo más. Nadie, por más firmes palabras de caballero que tenga o por más prejuicios de pequeños burgueses, puede negarle el derecho al pueblo de continuar edificando esperanza y venciendo quimeras.
Como pueden observar, Continuismo no es Continuidad: La primera es perversión, lo segundo es positivo. "PA LANTE PRESIDENTE"
El Viajero Digital