Desde antes de mis inicios en el que hacer político dominicano a mediados del año 1982 y de eso hace ya mucho tiempo, los partidos políticos vienen argumentando a fraudes electorales, sus derrotas, tanto en las elecciones presidenciales, como en la congresuales y municipales.
En esta oportunidad después de casi tres décadas o sea 30 años, se agudizan esos pronunciamientos, ante una crónica de una muerte anunciada y digo esto porque para nadie es un secreto que la gran mayoría de los tradicionales dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano, habían vaticinado una derrota avergonzarte de su organización, según ellos por la forma en que el actual presidente del Partido Revolucionario Dominicano estaba manejándose.
Más de tres millones de dominicanos y dominicanas de los que tienen derecho a elegir y ser elegidos, expresaron con su voto y de manera voluntaria en las urnas el pasado 16 de mayo, quienes deberían representarles en el Senado, en la Cámara de Diputados, en los Ayuntamientos y las Juntas Distritales, en cada demarcación dentro del territorio dominicano.
Cuando se acabará definitivamente esta práctica de que cada cuatro años, los partidos políticos que actúan muchas veces de manera irresponsable a lo interno de sus organismos, con la imposición de candidaturas, secuestro de los recursos que otorga la Junta Central Electoral, la permisibilidad de la indisciplina, la intolerancia, prepotencia y arrogancia, factores estos que deben de empezar ha analizar, para que de una vez y por todas entiendan de que la voluntad soberana debe respetarse por encima de las pretensiones y apetencias personales de los que aspiran a ocupar una posición electiva en cualquiera de los escenarios.
Creo y sin el Creo que solo en la república dominicana, es el único país del mundo donde en cada una de las elecciones siempre se argumenta que hubo un fraude, que se utilizaron los recursos del estado, que se compraron cédulas, que los miembros de las Juntas Municipales y de la Junta Central Electoral, se han confabulado para esto o para aquello en perjuicio de tal partido, para favorecer a otro y un sin número de argumentaciones que tiene harto y cansado a los dominicanos y de ahí el alto nivel de abstención que se presentó en esta oportunidad como en otras, porque la gente ha ido perdiendo la credibilidad en los políticos que solo esgrimen lo mismo durante décadas.
Considero que los principales partidos políticos de la República Dominicana deben hacer una jornada de seminarios, provinciales y municipales, para analizar a ciencia cierta las reales causas de una derrota electoral y al final de la jornada se darán cuenta fácilmente que fueron otras las causas que originaron la derrota y no las que tradicionalmente han manifestado incluso ante organismos internacionales, como si no contásemos con nuestras propias autoridades, instituciones y la Constitución de la República.
Hoy le ha tocado al Partido de la Liberación Dominicana la envestida por parte del partido Revolucionario Dominicano de un supuesto fraude, porque logró obtener 31 senadurías de las 32 que conforman la Cámara alta y lo insólito es que la otra Senaduría quedó en manos de un hombre estratega, amigo del amigo, leal, consecuente, sagaz y sobre todo con una vocación de servicio como lo es el miembro de la Comisión Presidencial Permanente del Partido Reformista social Cristiano Don Amable Aristy Castro, quien ha sido electo en seis oportunidades de manera ininterrumpida.
Muchas veces los grupos, las tendencias, los maquinadores y traidores a lo interno de los propios partidos, sumado a los que aportan dinero para impedir a como de lugar que uno u otro logre alcanzar la posición deseada, la falta de contacto con las masas, la mentira, el engaño, el incumplimiento con las promesas de campaña, con los programas de gobiernos que le venden a la población, la falta de oportunidades de empleos y otros factores elementales y tradicionales, son las verdaderas causas de cualquier derrota electoral.
Todos los partidos cuando han estado en el gobierno, utilizan todos los mecanismos que el propio estado garantiza, para tratar de mantenerse en el poder, mantener el control del Congreso Nacional, de los Ayuntamientos, de las Juntas Distritales y por que no decir incidir en el control de la Cámara de Cuentas, del Consejo Nacional de la Magistratura y hasta del poder judicial, y eso no es malo, el poder es para eso, aunque muchas veces el tanto poder embriaga y ciega a los partidos y las experiencias están de algunos ex-presidentes que hicieron de todo, construyeron de todo, gastaron todos los cuartos del mundo y sin embargo en ese momento la población le castigó y no lograron reelegirse.
En el caso del presidente Leonel Fernández, el pueblo lo reeligió y quedó demostrado una vez más que quieran o no reconocerlos los tradicionales dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana, la gran diferencia la aportan los partidos que conforman en Bloque Progresista, por lo que deberían de sopesar bien las cosas y ser más consecuentes con los mismos que muchos veces elevan su voz de protesta, porque en política cuando dios no quiere a uno es porque el diablo lo está esperando.
El Viajero Digital