La Administración Federal Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés) confiscará en cualquier momento unas 20 propiedades del piloto Santos Seda Rodríguez, quien apareció asesinado el 19 de diciembre en la República Dominicana, horas después de que las autoridades de ese país confiscaran 58 kilos de cocaína en un avión suyo, supo ayer El Nuevo Día.
Fuentes de este diario señalaron que efectivos de la DEA confiscarán de forma administrativa aviones, vehículos y embarcaciones que le pertenecían a Seda Rodríguez, de 48 años y propietario de Jeshua Air Services, una empresa de aviación con sede en el aeropuerto Rafael Hernández de Aguadilla.
Una confiscación administrativa es cuando existe causa probable de que esas propiedades fueron obtenidas gracias a actividades ilícitas y se hace para asegurar que no van a ser vendidas ni transferidas a terceros. El peso de la prueba está en el dueño de esa propiedad quien tiene que probar que ese bien fue obtenido de forma legítima.
El miércoles de la semana pasada, dos días después de que apareciera el cadáver de Seda Rodríguez en un pastizal en la carretera que conduce de Santo Domingo a la ciudad de Higüey, agentes de la DEA fueron a la sede de la empresa del piloto en Aguadilla a iniciar su propia pesquisa con el fin de conocer si este pertenecía a una organización de narcotráfico.
Allí, los perros de la DEA adiestrados para detectar rastros de sustancias controladas indicaron que en seis de los siete aviones propiedad de Seda Rodríguez había habido en algún momento drogas ilegales.
El séptimo avión fue el que agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) encontraron en el aeropuerto internacional Las Américas con varios bultos conteniendo 58 kilos de cocaína el domingo 18 de diciembre en horas de la madrugada.
Droga en los aviones
Las autoridades dominicanas emprendieron la búsqueda de Seda Rodríguez en ese momento, pero no supieron de él hasta que fue hallado muerto y con signos de haber sido torturado el lunes 19 en la mañana.
El domingo 18 de diciembre en la tarde, Seda Rodríguez había llamado a sus familiares en Puerto Rico y les indicó que había tenido un problema, pero que confiaran en que su nombre iba a salir limpio, según Isaac Velázquez, amigo de la familia.
A raíz del hallazgo de rastros de droga en los aviones de Seda Rodríguez, la DEA continuó su propia pesquisa con el fin de tratar de determinar para cuál narcotraficante de Puerto Rico o la República Dominicana laboraba.
Las autoridades dominicanas también conducen su propia pesquisa sobre el posible vínculo de Seda Rodríguez con organizaciones de narcotráfico operando en ese país. De hecho, de las tres personas arrestadas tras la ocupación del avión en el aeropuerto Las Américas dos son funcionarios presuntamente corruptos de la DNCD.
Fuentes de la DNCD dijeron a El Nuevo Día que Seda Rodríguez estaba en la mira de las autoridades del vecino país debido a la frecuencia de los viajes que realizaba a ese país y el poco tiempo que pasaba en tierra. Antes de su muerte en diciembre, el piloto había realizado cuatro viajes solo durante ese mes y en ninguna de las visitas había estado más de un hora en tierra.
Vigilancia en el aeropuerto
Las autoridades vigilaron el avión de Seda Rodríguez, quien había llegado a Santo Domingo el sábado 17, y el domingo en la madrugada realizaron el operativo que culminó con la incautación de los 58 kilos y el arresto de los agentes Vladimir Peralta Santos y Wilfredo Antonio Ávila Vázquez, capitán y oficial respectivamente de la DNCD y del civil Salvador Gómez Félix.
Los allegados a Seda Rodríguez dijeron que este viajaba con frecuencia a República Dominicana porque su negocio precisamente era realizar viajes privados de hombres de negocios de Puerto Rico al vecinos país.
Los familiares de Seda Rodríguez en Puerto Rico han negado cualquier vínculo de este con el narcotráfico.
Seda Rodríguez era miembro de una congregación evangélica de Aguadilla, formaba parte de un grupo de música cristiana y hacía vuelos a República Dominicana para llevar ayuda humanitaria a comunidades empobrecidas, según sus allegados.
El Viajero Digital