Los delincuentes han "descubierto" una forma de chantaje para confundir. Una vez son apresados amenazan -vía sus abogados o de familiares- con acudir a los medios de comunicación para denunciar supuestos abusos. Y logran que sus infundadas opiniones sean difundidas por todo lo alto.
Lo que digo lo observo a diario, y por eso he decidido hacerlo público. Pero lo grave del caso es que los medios recogen las denuncias, con todo el derecho que les asiste, pero no así la versión de las instituciones actúan contra el infractor de la ley. Deberían hacerlo para que completen sus historias.
Eso se repite a diario. Y no es que quiera el suscrito dar lecciones de cómo hacer periodismo, porque a lo mejor carece de nivel para eso, pero lo prudente sería escuchar todas las campanas para no provocar ruidos en el lector, en el oyente o en el televidente, abarcando de este modo todos los "mass media", como dirían los teóricos.
A cualquier individuo -muchas veces cansado robar o vender drogas- se le ocurre decir que algún miembro de la autoridad (DNCD, Policía, J-2, G-2) le ha cogido con él y alega que "este hombre no me deja quieto". Eso es llevado a los medios y se le da carácter de certeza, comenzando con enlodar al persecutor. Y eso no está bien.
Hay ejemplos de sobra. En el caso de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD -institución por la que todavía puedo hablar- esa situación siempre se presenta. A un sujeto que ha sido apresado en múltiples ocasiones le sale de los forros decir que "me meten preso porque no quiero dar mi dinero" y eso lo creen en los medios.
Hace poco lo hizo un confeso narcotraficante de droga de San Francisco de Macorís y su versión fue difundida a todo pulmón. Por suerte a la DNCD se le permitió emitir su parecer, pero de todos modos el lodo fue vertido. Tengo que resaltar la delicadeza es ese sentido de la señora Alicia Ortega, del programa ‘El Informe', de Antena Latina.
Un caso más reciente es el de un jefe de punto de droga de Boca Chica, el nombrado José Polanco Chalas, alias Santiago. Este sujeto se destapó con que la DNCD procura hacerle daño y por eso sus familiares acudieron a los medios para denunciar su caso, procurando esconder que se trata de un delincuente reconocido en su jurisdicción.
Fue apresado en un allanamiento que dirigió un fiscal adjunto de la Provincia Santo Domingo, el magistrado Lorenzo Torres. En cambio, los parientes de este individuo alegan, de manera irresponsable, que la DNCD quiere hacerle daño. !Y así fue recogida la infundada versión por algunos medios de comunicación!
Al sujeto de Boca Chica les fueron ocupadas 56 porciones de cocaína y 25 de marihuana, de modo que no estamos frente a un dirigente comunitario que se preocupa por ayudar a sus vecinos a solucionar los problemas del barrio. Se trata de un vendedor de estupefacientes que donde debe estar en encarcelado.
Repito que la pretensión del suscrito no es dar clases de cómo deben ejercer su oficio los reporteros, pero mucho de cómo dirigir un medio. La idea es, en caso de que los ejecutivos lo entiendan pertinente, que sean escuchadas todas las campanas. Y como soy reportero, lo que no dejaré de ser jamás, puedo hacer la sugerencia.
Lo que sí es una crítica, porque si pasamos la vista a lo que significa fuente, en la elemental técnica de la información, nos damos cuenta de inmediato la importancia que tiene confirmar datos. Esto lo hago sin desconocer o desmeritar el derecho que tienen los ciudadanos de acudir al derecho de expresión y difusión del pensamiento.
Eso de denunciar supuestos maltratos y persecución, cuando estamos frente a delincuentes probados, no es más que un puro chantaje. De ese modo, sin pretender que las instituciones están integradas por santos, uno forma más de dañar imágenes y reputaciones bien ganadas, como es el caso de nuestras instituciones.
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El Viajero Digital