Virus gripal impide que el presidente Abinader asista misa del “Dia de la Altagracia”

 

  Higüey, República Dominicana.

La Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia abrió sus puertas este miércoles envuelto en el fervor de miles de fieles, pero también en una ausencia sentida. El presidente de la República, Luis Abinader, no pudo acompañar al pueblo dominicano en la tradicional misa del Día de la Altagracia, debido a un virus gripal que lo aqueja desde la noche del martes.

La noticia fue confirmada por la primera dama, Raquel Arbaje, quien llegó al templo con el rostro sereno, aunque cargado de preocupación.

A su arribo, explicó que el mandatario presentó fiebre de hasta 38 grados, tos persistente y una marcada pérdida de energía que le impidieron asistir a la celebración religiosa más significativa para la fe nacional.

“Estaba tosiendo. No me dejó dormir toda la noche”, relató Arbaje a los periodistas, dejando entrever la intensidad del malestar.

 Contó que, en la mañana, con voz cansada, el presidente le confesó: “Raquel, no tengo fuerzas”. Aunque descartó que se trate de influenza, aclaró que se trata de un virus gripal común, de esos que, aun sin gravedad, pueden doblegar el cuerpo.

Mientras tanto, en el interior de la basílica, las oraciones se elevaron con la misma devoción de siempre.

Junto a la primera dama estuvieron la vicepresidenta Raquel Peña y destacadas figuras del ámbito nacional y local, entre ellas el ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza; las alcaldesas Karina Aristy y Carolina Mejía; el expresidente Hipólito Mejía y el ministro de Defensa, teniente general Carlos Fernández Onofre.

La eucaristía, oficiada por el obispo de Higüey, monseñor Jesús Castro Marte, se desarrolló en un ambiente de recogimiento y esperanza.

No faltaron las plegarias por la salud del presidente, ausente físicamente, pero presente en el sentir de muchos feligreses que encomendaron su pronta recuperación a la Virgen de la Altagracia, madre espiritual del pueblo dominicano.

Así, entre cantos, incienso y fe compartida, la misa transcurrió con la certeza de que, aun en la ausencia, la devoción une. Y que, desde la intimidad de su reposo, el presidente Abinader también elevó su oración, confiando como todo dominicano en el amparo de la Virgen que protege y acompaña a la nación.

 

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