VILLA JARAGUA, Bahoruco.—
El presidente de la Fundación Padrino de la Educación y el Desarrollo, periodista y exdiputado Rafael Méndez, recomendó al Gobierno contratar un matemático que contribuya a armonizar las distintas cifras y criterios utilizados para evaluar las condiciones en que cada año comienza la docencia en el sistema público de educación preuniversitaria.
Méndez sostuvo que el problema educativo del país no se limita a la falta de aulas, maestros, butacas, agua potable o planteles en condiciones adecuadas, sino que también existe una evidente contradicción entre las cifras que presentan las autoridades educativas, la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) y otros sectores vinculados a la educación.
El exlegislador afirmó que, mientras el Ministerio de Educación asegura que ha logrado cubrir el ciento por ciento de las necesidades de docentes y destaca como avances la construcción y habilitación de nuevas aulas, la distribución de kits escolares y la incorporación de autobuses para el transporte estudiantil, la ADP sostiene que todavía hacen falta miles de maestros y aulas.
A esto, según señaló, se suman los reportes sobre centros educativos que presentan filtraciones, grietas, problemas de infraestructura, falta de agua potable y escasez de butacas, situaciones que, a su juicio, reflejan una realidad muy diferente a la que muestran las estadísticas oficiales.
Méndez consideró que esta aparente contradicción genera cada año una especie de “guerra de cifras” que termina confundiendo a las familias y a la opinión pública sobre la verdadera situación del sistema educativo nacional.
“Esa aritmética incompatible constituye un mal endémico que se repite y perturba la apertura de cada año escolar, por lo que recomiendo al Ministerio contratar urgentemente un matemático que determine quién suma, quién resta, quién multiplica las promesas y quién divide la realidad”, expresó.
Con tono crítico, agregó que, aunque se contrate al mejor matemático disponible, será difícil cuadrar las cuentas mientras las instituciones y organizaciones involucradas continúen utilizando diferentes parámetros para medir los mismos problemas.
“Parecería que ni el mejor matemático podrá cuadrar las cuentas mientras cada sector utilice una regla distinta y sean los estudiantes quienes terminen pagando la diferencia”, enfatizó.
El presidente de la Fundación Padrino de la Educación y el Desarrollo sostuvo que las diferencias estadísticas no deberían convertirse en el centro de la discusión cada vez que se aproxima el inicio de un nuevo año escolar, porque lo verdaderamente importante es determinar si los estudiantes disponen de las condiciones necesarias para recibir una educación de calidad.
En ese sentido, señaló que existe una tercera mirada que debe ser tomada en cuenta: la de las familias, estudiantes y comunidades educativas que enfrentan directamente las dificultades en los centros escolares.
Explicó que, desde esa perspectiva, el éxito del inicio del año escolar no debería medirse únicamente por la cantidad de planteles inaugurados, aulas construidas, autobuses incorporados, kits escolares distribuidos o discursos pronunciados durante los actos oficiales.
A su juicio, el verdadero indicador debe ser la cantidad de estudiantes que consiguen un cupo, reciben todas sus horas de docencia, cuentan con maestros en las aulas y desarrollan sus actividades en espacios seguros, dignos y debidamente equipados.
Méndez planteó que el país necesita establecer mecanismos de medición comunes y verificables que permitan conocer con precisión la realidad de cada centro educativo antes del comienzo de la docencia.
Consideró que un sistema de información compartido entre el Ministerio de Educación, la ADP, las comunidades educativas y especialistas independientes permitiría reducir las discrepancias y ofrecer a la sociedad una radiografía más confiable de las condiciones en que inicia cada año escolar.
Advirtió que las diferencias entre las cifras oficiales y las denuncias de los docentes no solo generan confusión, sino que pueden desviar la atención de los problemas que realmente afectan a los estudiantes.
“Al final, las estadísticas pueden decir una cosa, pero los estudiantes y los profesores viven otra realidad en las aulas”, sostuvo.
El dirigente educativo insistió en que la discusión debe superar la confrontación de cifras y concentrarse en garantizar que cada niño, niña y adolescente tenga acceso a un centro educativo en condiciones adecuadas, con maestros suficientes, mobiliario, agua y los recursos necesarios para desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Para Méndez, la apertura de un nuevo año escolar debe representar mucho más que un acto protocolar: debe ser la comprobación de que el sistema está preparado para recibir a los estudiantes y garantizarles una jornada educativa completa y de calidad.
En ese contexto, reiteró su llamado a las autoridades a establecer una metodología única para medir las necesidades del sistema educativo, de manera que Gobierno, gremio magisterial y especialistas puedan hablar sobre una misma realidad y trabajar sobre cifras comunes.
La propuesta, dijo, no busca desacreditar los avances alcanzados por las autoridades ni desconocer las preocupaciones de los maestros, sino procurar que las diferencias estadísticas no terminen ocultando las necesidades reales de las comunidades educativas.
Afirmó que, mientras se discute quién tiene la razón en las cifras, son los estudiantes quienes esperan aulas en condiciones adecuadas, docentes disponibles y las herramientas indispensables para comenzar y desarrollar normalmente su proceso educativo.
Méndez concluyó que el país necesita menos discrepancias estadísticas y más soluciones concretas para garantizar que el inicio de cada año escolar deje de estar marcado por la incertidumbre y pase a convertirse en una verdadera expresión de que el sistema educativo está preparado para cumplir con su principal responsabilidad: educar.
