Retórica política y fragilidad democrática Porque: “La disciplina pesa gramos. El arrepentimiento pesa toneladas” 

 

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira 

Un demagogo es aquel que 

predica doctrinas que sabe que 

son falsas, a personas que sabe 

que son idiotas. 

  1. Mencken.

La retórica política contemporánea, dificulta el diálogo democrático, porque sustituye el razonamiento por la manipulación, las ambiciones personales y la construcción de falsos heroísmos. 

Es la situación, donde nos obligan a olvidar todo lo que creíamos saber para comenzar de nuevo a hacer el intento de comprender el intríngulis que conlleva el ejercicio de la política. Estamos en medio de una época, donde brotan situaciones dignas de alguna película de poco valor, llena de tramas y argumentaciones fantasiosas, con la sola intención del engaño, la búsqueda de las ambiciones personales y, aún y parezca increíble, de una cuota de heroísmo, cual que este sea. Es decir, que nos mantienen en medio de una retórica carente de lógica, pero si repleta de ironía.  

En medio de la avalancha de contenidos en las redes sociales, las opiniones sin fundamento han adquirido una presencia desproporcionada que desvían la atención de los hechos de quienes son objeto de esas opiniones y de los intereses que las motivan. En este contexto, el concepto de democracia —que debería ser conocido y ejercido por toda la ciudadanía, al menos en este país— ha sido desvirtuado por políticos que se proclaman sus defensores, pero pretenden administrarla exclusivamente mediante partidos que, por su concentración de poder, pueden albergar prácticas autoritarias. 

Sé que esta crítica incomodará a muchos; sin embargo, el descontento de una parte importante de la ciudadanía suele ser pasajero. El ciclo se repite: regresan las mismas promesas incumplidas y los intentos de presentar como héroes a figuras cuya actuación no justifica esa condición. 

Por tantas cosas que a la vista sobran, es que cada día parece alejarse más la oportunidad de establecer un dialogo racional entre el pueblo esclavizado de una u otra manera y los que ejercen la política cual si fuese un patrimonio heredado y que, con engaños y manipulaciones, pretenden delegar a sus elegidos. Por esa razón es que se constituye en una tarea casi imposible, discutir con un grupo de personas que tienen ese concepto de la democracia, debido a que el uso de la razón para sostener esta creencia simplemente ha estado ausente. 

Estos políticos son, en su mayoría, los mismos que se han pasado la vida montados en el fantasma de Trujillo, criticando su prole y otros tantos por tratar de heredar el poder, pero, lo bueno es que ninguno de ellos tomó claramente por ese camino y que, por demás, fueron criados dentro de una dictadura, con “gualda espaldas”, choferes y niñeras que hoy, fuesen llamados “Peluches”. 

Pero, en este presente que estamos en democracia, tenemos que decir una vez más la aseveración aquella, de que la historia se repite dos veces, la primera como drama y la segunda como tragedia y hoy, se está repitiendo por segunda vez, como si dijésemos; el lobo vestido de caperucita montada en democracia. ¡Sí señor! 

 

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