Por: Rafael R. Ramírez Ferrerías
El que aprende y aprende y no
practica lo que sabe, es como
el que ara y ara y no siembra.
Platón.
Hoy nos viene en ganas, con el único fin de buscar un alivio interior, exteriorizar algunas cosas que, poco a poco nos han ido transformando en algo raro, inconcebible como nación, y, que nos lleva por el camino que más adelante solo será reemplazado por lamentos, tendentes a encubrir nuestra cobardía para llamar a las cosas como son.
Si hablamos de justicia, quizás, por ahí ha comenzado el problema. No son las faltas de pruebas para condenar los hechos, si no, el exceso de estas que el mostrenco y bien promocionado Código, elaborado por los mismos de siempre, aun y estén cerca de la tumba, exige de manera absurda y obstructiva, creando un muro para que nadie llegue a ser condenado, principalmente, en lo referente a todos aquellos que son poderosos, ya sean en funciones o dinero, porque en cuanto a los desarropados, en contados días, son condenados sin ningún problema.
En realidad, hay que ser un excelente prestidigitador con cabeza fría, nervios de acero y rezumar autoconfianza, ante la vulpina sonrisa (burla) de estos políticos, para no desgraciarse la vida ante hechos que la mayoría de este pueblo ha estado consintiendo de manera sumisa y, por encima de eso, ser optimista ante un futuro incierto aún y todas las premisas indican que sería un error pronosticar que, en algún momento, no suceda una real desgracia institucional en este pueblo, condenado desde sus orígenes, a cambiar oro por espejito.
No se quiere entender, que el vivir una mentira con las estadísticas, constituye la base principal para solo complacer los deseos de los que habitan en la cúspide. Por eso, en su gran mayoría, estos políticos son incipientes, que se pasan el tiempo cazcaleando, disfrazando los problemas por ignorar el cómo resolverlos y todo, principalmente, por su ego, su prepotencia y falta de humildad para admitir sus ignorancias. Por demás, pareciese que, de alguna manera, han hecho un contrato con el mismo Satanás, para pasar por alto todas las cuestiones éticas o morales sin que se produzca ningún hecho de penalidad contra ellos.
Bastaría con ver algunos problemas que, de una u otra manera, tienen que ver con su aversión a todo aquello que implique cierto tipo de dignidad o decoro, como ese problema político -porque es un problema político- del Km 9 de la autopista Duarte, donde, a pesar de los miles de millones gastados, se mantiene casi el mismo problema, producto del clientelismo político y la impunidad ante determinados “Onorables” para aplicarles las medidas que son saludables para la gran mayoría de los ciudadanos.
Una vez leímos que, cuando una persona dice muchas veces que crean en él, lo mejor es no creer, y es que los funéreos políticos, desde que asesinaron a Trujillo, han encontrado en el Estado su botija, su Potosí, y, el legado político-económico para su prole, todo esto con un descaro e impunidad que simplemente duele y apesta.
Y, sin muchos rodeos, tenemos que admitir que todas nuestras desgracias son y han sido por la permisividad en el cumplimiento de las leyes que, al inicio, parecen inofensivas, pero, que al final, nos conducen al vacío institucional. Como muestra un botón; el famoso concho, cuando dejaron de usar sus placas publicas y las autoridades para estar cónsonas con el deseo de los pobres de familia, en una acción cobarde y clientelista, hasta han dejado de elaborarla y exigirla, y hoy, las consecuencias de esa acción han sido funestas. ¿O no? ¡Sí señor!

