Tiempos convulsos e irresponsabilidad política Porque: “Quien perdona a su enemigo sinnecesidad, le enseña a volver más fuerte”

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira 

“La paz no se encuentra en tener una 

vida perfecta, si no, en no dejar que 

lo externo destruya tu 

mundo interior”. 

La responsabilidad política no consiste solo en administrar el poder, sino en responder con seriedad ética e institucional al miedo, al desencanto y a la corrupción que deterioran la vida pública. 

Tiempos convulsos son los que nos ha tocado vivir. En medio de argumentaciones fantasiosas e irresponsabilidades políticas, que, en muchos casos, podrían hasta interpretarse, quizás, como burlescas, en tanto se alimenta el rumor de que todo ha cambiado para que, en realidad, nada cambie. 

Esa sospecha no deja de tener algo de razón ante la cruda realidad de nuestras calles, donde se respira un aire cargado de miedos, cual si fuese una maldición que nos condena a seguir sumidos en el desaliento y la frustración. Pero, esta es una percepción que exige respuestas que nadie se digna a dar. 

Mientras tanto, resulta llamativo que entre quienes tienen la responsabilidad de transformar esa realidad, parezca instalarse en su actitud, un tono de victimismo, como si quisiesen insinuar que el problema no está en su falta de respuesta, sino en el negativismo o dejadez del pueblo mismo. 

Sin embargo, esa postura podría servir para enmascarar el verdadero motivo del desencanto, encarnado en las codicias y mezquindades de cierta clase política, que solo valora al ciudadano, por su voto. Sería ingenuo pensar que calamidades de esta naturaleza no puedan desembocar, como mal augurio, en revueltas ya conocidas dentro de los pueblos: guerras intestinas que, aunque adopten formas distintas, suelen tener como protagonistas los intereses de quienes se resisten al cambio moral y ético en sus actuaciones. 

Estos señores tienen como costumbre, encubrir todos sus desvaríos bajo el manto engañoso de que sus acciones son exclusivamente por el bien de la Patria, la cual han más que prostituido, donde, al final, en los resultados, solo ellos son los beneficiados con más poder del que tenían antes de la revuelta -tal y como sucedió aquí- y más dinero absurdo por la cantidad que amasan y que, más tarde o temprano queda abandonado, dejándoles solo desgracias y pesares, sin blindaje alguno y hasta traicionados por sus propios secuaces. Bastaría ver la historia para constatar esta aseveración. 

Es por eso por lo que, dentro de mis esperanzas de cambio en el quehacer político, he pensado en la necesidad de un verdadero blindaje frente a la justicia selectiva, empezando por las principales cabezas que una sola frase referente a que honorables y presidentes no caen presos, los ha convertido en intocables. Quizás por esa intocabilidad no se toma ninguna acción real contra la corrupción galopante que nos cubre; más bien, se la induce y se la protege. Por eso he llegado a comprender que muchas de esas esperanzas solo existen dentro de mis fantasías. En tanto llega lo que ha de llegar, solo nos queda seguir soñando, como sueñan los pobres, con que cambie nuestra suerte antes de que sea demasiado tarde. ¡Sí señor! 

 

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