“Entre la desesperanza y la fe: el clamor de Marina por una vida digna”

 

 

Rafael Castro
24 de noviembre, Santo Domingo

 Una señora enferma de diabetes y con una pierna imputada denunció que fue desvinculada del ministerio de Educación donde trabajó como conserje por 18 años y ahora no tiene sustento económico para sostener a sus dos hijos uno de ellos con problema discapacidad.

La voz de Marina Meléndez Medina, de 51 años se quiebra cada vez que menciona a sus hijos. Madre soltera, responsable absoluta del cuidado de dos menores uno de ellos con discapacidad asegura que vive la etapa más difícil de su vida desde que hace un año fue desvinculada de su trabajo como conserje en el Ministerio de Educación.

 Marina, quien reside desde hace varios años en una humilde vivienda alquilada en la calle Alejandro Geraldino del sector, de Los Mina, cuenta que su situación económica y de salud se deterioró de manera dramática.

 La diabetes, una condición que arrastra desde hace años, avanzó sin tregua hasta obligarla a la amputación de una pierna, mientras los médicos advierten que la otra corre el mismo riesgo.

Aun así, relata, continuó trabajando mientras pudo. Pero asegura que, pese a su delicado estado de salud y al hecho de ser el único sostén de su familia, fue separada de su puesto sin que hasta el momento haya recibido apoyo institucional para enfrentar el abrupto cambio que trastocó su vida.

 Hoy, junto a la incertidumbre por su salud, se suma el temor inminente de quedarse sin techo, pues la propietaria de la vivienda donde vive le notificó que debe abandonar el inmueble porque no ha podido seguir pagando el alquiler desde que perdió sus ingresos.

“Yo no tengo a dónde ir con mis hijos. Solo pido ayuda para poder seguir viviendo con dignidad”, expresó entre lágrimas, mientras sostiene que cada día se convierte en una lucha por la supervivencia.

 La mujer, visiblemente afectada por la situación, explicó que ha tocado puertas en busca de asistencia, pero hasta ahora no ha recibido una respuesta concreta que le permita afrontar la crisis económica y humana que la agobia. Sus días transcurren entre visitas médicas, dolor físico y la preocupación constante por el futuro de sus hijos.

 Ante este panorama, Meléndez Medina hizo un llamado urgente al Presidente Luis Abinaderm a la Primera Dama, Raquel Arbaje y al Ministerio de Educación, así como a instituciones de asistencia social y de protección a personas en vulnerabilidad, para que consideren su caso y puedan ofrecerle una solución que alivie su carga y le permita reconstruir la estabilidad mínima que necesita su familia.

 Mientras espera una mano solidaria, Marina se aferra a la esperanza. Su historia, como tantas otras silenciosas en los barrios del país, es un recordatorio de las grietas sociales que dejan sin respaldo a quienes más lo necesitan.

 

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