En un giro inesperado dentro de uno de los conflictos más complejos del Medio Oriente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un acuerdo de alto al fuego entre Israel y Líbano que también incluye al influyente movimiento chií Hezbolá.
La tregua, pactada por un período inicial de diez días, comenzará este jueves a las 5:00 de la tarde, hora de Washington (21:00 GMT), marcando un momento de pausa en una escalada que había encendido las alarmas internacionales.
El anuncio fue realizado por Trump a través de su red social Truth Social, donde destacó el carácter “excelente” de las conversaciones sostenidas con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente libanés, Joseph Aoun.
Ambos líderes, según el mandatario estadounidense, han dado un paso decisivo al comprometerse no solo con la tregua, sino con el inicio formal de un proceso orientado a alcanzar la paz.
La iniciativa surge apenas dos días después de que delegaciones de Israel y Líbano iniciaran negociaciones en Washington, en un esfuerzo diplomático que busca desactivar años de hostilidad, tensiones fronterizas y enfrentamientos indirectos, particularmente a través de Hezbolá, considerado por Israel como una amenaza constante en su frontera norte.
En su mensaje, Trump proyectó optimismo sobre el curso de los acontecimientos. “Las dos partes quieren la paz y creo que se va a concretar rápidamente”, afirmó, al tiempo que reveló que ha instruido a su vicepresidente, JD Vance, al secretario de Estado, Marco Rubio, y al jefe militar estadounidense, Dan Caine, a trabajar de forma coordinada con ambas naciones para consolidar un acuerdo duradero.
Más allá del anuncio, el presidente estadounidense fue enfático en su narrativa de liderazgo internacional, al asegurar que este sería el décimo conflicto que contribuye a resolver
. “Ha sido un honor para mí haber resuelto nueve guerras en todo el mundo, y esta será la décima; ¡así que, manos a la obra!”, expresó con tono triunfalista.
El contexto en el que se produce esta tregua es particularmente delicado. Apenas semanas antes, el 28 de febrero, Trump había lanzado una ofensiva contra Irán en colaboración con Israel, un hecho que elevó significativamente la tensión en toda la región y que reforzó el papel de Hezbolá como actor clave dentro del eje proiraní.
La inclusión del grupo libanés en el alto al fuego añade un elemento crucial al acuerdo, ya que su participación ha sido históricamente determinante en cualquier intento de estabilización en la frontera sur del Líbano. Sin su compromiso, cualquier tregua corría el riesgo de fracasar en cuestión de horas.
Ahora, el mundo observa con cautela este nuevo intento de distensión. Los diez días anunciados no solo representan una pausa en los combates, sino una ventana crítica para sentar las bases de un diálogo más profundo.
En juego no está únicamente la calma temporal, sino la posibilidad todavía frágil de transformar una rivalidad histórica en un proceso de entendimiento.
Mientras las armas se preparan para silenciarse, la diplomacia se enfrenta a su mayor desafío: convertir este breve respiro en el inicio de una paz duradera en una de las regiones más volátiles del planeta.

