Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
Es más fácil escribir diez volúmenes
de principios filosóficos,
que poner en práctica,
uno solo de ellos.
León Tolstoi.
Sin tema definido y medio aburrido, no de la vida, si no, de todo lo que a diario acontece en este país, independientemente de lo que ocurra en otros lares, aún y nos afecte de alguna manera, pero, que, el bandidaje político nuestro se encarga de sacarle provecho monetario, con burdas maneras y otras tantas tratando de ser hasta generosos, pero que su luz no les da para abrillantar su oscurantismo moral.
Por eso, en ocasiones, quedo conmocionado ante el cúmulo de abusos, la manipulación de cifras y estadísticas, y otras indelicadezas que solo buscan satisfacer, primero, la ambición de riqueza y, después, los intereses políticos.
Todo ello lo ejecutan huestes políticas enloquecidas por el poder. En esos momentos, dentro de mis limitadas capacidades, más que hablar, siento deseos de actuar como Atila, el célebre rey de los hunos, apodado “el azote de Dios”.
Si, pregonar a voz batiente que; “donde mi caballo pisa no vuelve a crecer la hierba jamás”, que, en este caso, sería algo parecido a los tiempos de Ozorio, quemar, arrasar con toda esta basura política que mal nos gobiernan y, dejar que la propia naturaleza permita el surgimiento de nuevos líderes, no fabricados -como ahora-, para ser funcionarios y hasta presidenciables, si no, que surjan de las cenizas dejadas por la quema de todos aquellos que han convertido a la política, como un medio desgraciadamente tomado solo para desarrollar indelicadezas, término este acuñado para no utilizar o llamar como siempre ha sido, es decir, bandolerismo político, pero, yo tampoco lo voy a decir.
Y no lo hago pese que a veces, conmocionado ante el avasallamiento continuo de tantas indelicadezas, mi pequeño cerebro, se desubica en cuanto a los peligros, hasta queriendo hacer un símil del gran Alejandro Magno cabalgando sobre Bucéfalo y, salir al campo de batalla para detener por un largo tiempo la inercia de este pueblo ante los hechos irresponsables, corruptos y abusivos que han estado llevando a cabo toda una claque política que se ha enquistado en el Poder político.
Pero, tampoco tenemos caballo y, vaya usted a ver la magnitud de esta angustia ante el querer hacer y, la impotencia del no poder hacerlo. Todo esto, a sabiendas de que esa inercia, pasividad o cobardía, solo es en la búsqueda -ya fallida anteriormente-, de uno o un grupo de pendejos que puedan ilusionar para que se case o casen con la gloria o la desacreditada Patria, para después, estos políticos, continuar con lo mismo. Sí señor, tremenda ridiculez el solo pensarlo.
Por eso es por lo que hemos llegado a que a los políticos les encanta tener sus correveidiles o expertos “pinchadores”, que les estén susurrando al oído, aún y ese ya no sea el método, para supuestamente estar bien informados mientras hacen todo tipo de negocios. En realidad, son serviles, desconocedores de la palabra lealtad, expertos en decir esto a este y esto al otro, mientras los millones de pesos entran a sus bolsillos por medio al chantaje y la manipulación de situaciones, muchas veces ficticias, creadas por ellos mismos.
Pero eso son y así han sido en las últimas décadas la mayoría de nuestros políticos, donde hasta el buen yantar en los mejores restaurantes, para ellos, es igual a hacerlo en una fonda o en cualquier esquina, ya que no lo aprecian cual besugos que son y, por demás, tampoco el costo sale de sus bolsillos. Esa es la norma sin duda alguna. ¡Sí señor!

