Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
Solo aquellos arboles cuyas raíces
han tocado el infierno,
pueden crecer hasta el cielo.
Carl Jung.
Iniciar esto para responder cuestionamientos, antes de nada. ¿Si no me gustó la obra o el artista, porqué tengo que aplaudir? que conste, que no nos estamos refiriendo a ningún espectáculo artístico y que no, necesariamente, tenemos que enfrentarnos a la elaboración de una tesina para determinar donde radican nuestros problemas y, por ende, la desilusión reiterada sobre lo que estamos viviendo, algo muy diferente a lo prometido. Principalmente, en lo concerniente a la seguridad ciudadana y el caos en el transporte, producto, innegablemente, de la calidad de las autoridades que, por no decir más, solo diremos que es paupérrima.
Permanecer callado ante esta situación, podría enmarcarse en diferentes cuadrantes, donde entre ellos estaría la irresponsabilidad personal y profesional; la sumisión o la cobardía para llamar las cosas tal y como son, pero, además, caer dentro de la palabra muy familiar entre nosotros, para referirnos a muchos que, sí callan, solo por andar en búsqueda de posiciones y obtener prebendas del Estado, se alían hasta con el mismo demonio, empeñando hasta su alma, es decir, por lambonismo.
Entonces no se extrañen que no aplauda, ya que no pertenezco ni he pertenecido nunca a la omertá partidista de la cual muchos son fervorosos, cuyas actuaciones de lambonismo avergüenzan hasta a quienes se consideran amigos. Y no se extrañen de esto, porque como dice una máxima conocida por muchos; “the best part is no part”, es decir, que las piezas que no existen dentro de la maquinaria tampoco pueden fallar o hacen falta y, este es nuestro caso, nunca hemos andado complotando, hoy con este y mañana con el otro, por eso no nos ven detrás de nadie. Y, mucho menos, tenemos que estar apoyando ineficiencias que más bien son indelicadezas o actos de irresponsabilidad profesional. Así que, tranquilos.
Lo que sí puedo, ante tantas indelicadezas políticas e indecorosas actuaciones por demás abusivas, que están llevando a cabo toda una camada de “herederos” y peluches políticos, es parodiar el sermón del padre Montesinos ante los abusos y crueldades llevadas a cabo por los encomendados hacía los indígenas y decir: ¿Con qué derecho y con que justicia contáis, para tener a este pueblo en tan cruel y horrible servidumbre, carente de principios morales, de respeto, subyugado en base al crecimiento de toda una masa carente de todo, engañado en base a un clientelismo mordaz y asquerosamente manipulador, con el solo propósito de mantener un voto fácil y cautivo de las más elementales necesidades humanas? ¿Con qué derecho?
Lo que sí puedo decir, en calidad de eufemismo, es que por encima de cualquier escribidor e inclusive editor o malogrado izquierdoso, es que nuestro panorama se ve negro, no por falta de luz, si no por falta de autoridad, donde el aroma más común que se puede sentir es el que emana de la falsedad, del engaño, de los silencios, de los privilegios y complejos, y, sobre todo, de las complicidades dañinas y esas concupiscencias interminables del tigueraje político, formado por manadas de lavadores, narcos, faranduleros, riferos, sindicalistas y toda una gama barrial de la peor claque, sin dejar atrás a los motoconchistas y a quienes les permiten sus fechorías.
Ante esta situación actual y, a sabiendas de que a todos los que me refiero son personas instruidas, con fortaleza intelectual más que sobradas, aunque, con una moral débil, por no decir cuestionable, es que nos permitimos, en esta ocasión, concluir esta perorata expresando lo dicho por el famoso filosofo Platón, a saber: “Podemos perdonar fácilmente a un niño que tiene miedo de la oscuridad; la verdadera tragedia de la vida es, cuando los hombres tienen miedo de la luz”. ¡Sí señor!

