Teherán, Irán.–
La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán alcanzó un nuevo y peligroso nivel luego de que fuerzas estadounidenses lanzaran una serie de bombardeos nocturnos contra infraestructura considerada estratégica en territorio iraní, destruyendo parte de un aeropuerto, una estación ferroviaria y dos puentes en la provincia de Hormozgán, cercana al estratégico estrecho de Ormuz.
Los ataques, ejecutados durante la noche del jueves y la madrugada del viernes, representan la sexta jornada consecutiva de operaciones militares estadounidenses contra objetivos iraníes, en un escenario que mantiene en máxima tensión a Medio Oriente y genera preocupación en la comunidad internacional por el riesgo de una confrontación de mayor alcance.
De acuerdo con medios estatales iraníes, varias explosiones sacudieron el aeropuerto de Iranshahr, en el sureste del país. La televisión oficial IRIB informó que al menos un proyectil estadounidense impactó directamente las instalaciones aeroportuarias, mientras residentes reportaron fuertes detonaciones que pudieron escucharse a varios kilómetros de distancia.
Simultáneamente, otro ataque alcanzó la estación ferroviaria de Bandar Abás, una de las ciudades portuarias más importantes de Irán y punto neurálgico para el transporte de mercancías y el comercio marítimo. Las autoridades confirmaron que al menos dos personas resultaron heridas durante el bombardeo.
En otra ofensiva, aviones estadounidenses atacaron dos puentes ubicados en la provincia de Hormozgán, infraestructura considerada clave para la movilidad terrestre en una región cercana al estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del comercio mundial de petróleo.
La agencia oficial iraní IRNA informó que esos ataques dejaron al menos dos personas fallecidas y otras cuatro heridas, aunque las autoridades advirtieron que el número de víctimas podría aumentar conforme avanzan las labores de rescate y evaluación de daños.
El ejército estadounidense había anunciado previamente una nueva oleada de ataques contra posiciones iraníes, en el marco de una campaña militar que, según Washington, busca responder a las acciones atribuidas a Teherán contra embarcaciones que navegaban en el Golfo Pérsico.
Las hostilidades entre ambas naciones se reanudaron el pasado 7 de julio, tras una serie de ataques contra buques comerciales y militares en la región del Golfo, acciones que Estados Unidos atribuye a la República Islámica de Irán. Desde entonces, ambas partes han intercambiado operaciones militares que han elevado considerablemente el riesgo de un conflicto regional de mayores proporciones.
Analistas internacionales consideran que esta nueva ofensiva representa uno de los episodios militares más intensos desde el alto el fuego alcanzado en abril, debilitando seriamente los esfuerzos diplomáticos que buscaban una solución negociada y un cese definitivo de las hostilidades.
La destrucción de infraestructura de transporte y comunicaciones también incrementa la preocupación por posibles interrupciones en el tránsito marítimo a través del estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo. Cualquier afectación prolongada en esa zona podría provocar nuevas presiones sobre los mercados energéticos internacionales y aumentar la incertidumbre económica global.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con inquietud el desarrollo de los acontecimientos y continúa haciendo llamados a la moderación para evitar que la confrontación derive en un conflicto abierto de consecuencias impredecibles para la estabilidad de Medio Oriente y la seguridad mundial.

