Rafael Castro
10 de abril de 2026
Santo Domingo
El Presidiente de la National Supermarket Association (NSA), Anthony Peña una organización que agrupa a comerciantes dominicanos y latinos principalmente en Nueva York y otros estados clave, declaro que tras la guerra entre Estados Unidos, e Israel contra Irán los precios de los productos de primera necesidad han experiemntado alzas de hasta un 60% por ciento.
Peña desde su posición, describe un panorama tenso, donde la economía doméstica se reconfigura al ritmo de factores globales como el encarecimiento del petróleo y el aumento en los costos de transporte.
“La gente sigue yendo al supermercado, pero ya no compra igual”, comenta Peña. La rutina ha cambiado: menos visitas, carritos más ligeros y decisiones más calculadas.
En muchos hogares, la prioridad ya no es llenar la despensa, sino garantizar el pago de la renta y los servicios básicos. El consumo se vuelve estratégico, casi quirúrgico.
Una presión que se siente en cada hogar
Detrás de este cambio hay una presión económica que va más allá del precio de los alimentos. Se trata de un ajuste generalizado del costo de vida que golpea con mayor fuerza a las comunidades de bajos ingresos, muchas de ellas integradas por inmigrantes.
Salir a comer, compartir en familia fuera de casa o simplemente destinar dinero al ocio ha dejado de ser una opción frecuente. “Ya no es tan viable como antes”, señala Peña, dibujando una realidad donde el disfrute cotidiano cede terreno ante la necesidad.
Aun así, el calendario comercial mantiene sus picos tradicionales explicó que en el verano especialmente julio sigue siendo una temporada clave, junto a celebraciones como Navidad y el Día de Acción de Gracias, momentos en los que, pese a todo, las familias hacen un esfuerzo por mantener vivas sus tradiciones de consumo.
Una puerta para lo dominicano

En medio del desafío, también emergen oportunidades. Peña apuesta por fortalecer la presencia de productos dominicanos en el mercado estadounidense, utilizando la amplia red de supermercados hispanos como plataforma de expansión.
La visión es clara: convertir a la NSA en un puente para que empresas dominicanas puedan colocar sus productos en Estados Unidos sin enfrentar solas las barreras logísticas y económicas que implica ese salto. Desde alimentos procesados hasta productos agrícolas, el objetivo es ampliar la oferta y diversificar el alcance.
Pero la ambición no se detiene en la diáspora. El plan apunta al llamado “crossover market”, un espacio donde los productos latinos trascienden su nicho y llegan a consumidores estadounidenses de diversas comunidades, incluyendo asiáticos, árabes y otros grupos étnicos. Es, en esencia, una estrategia de internacionalización desde las estanterías del barrio.
El peso de una comunidad
La magnitud de la NSA da cuenta del alcance de esta visión. Con cerca de mil supermercados miembros directos y hasta cuatro mil establecimientos vinculados, la organización representa una de las redes independientes más influyentes del sector en Estados Unidos.
El dato más revelador es su composición: el 98 % de sus integrantes son dominicanos. Nueva York lidera como el principal bastión, seguido por estados como Nueva Jersey, Connecticut y Florida.
En estos territorios, no solo operan pequeños comercios, sino también grandes cadenas propiedad de dominicanos que gestionan decenas de tiendas y marcas propias.
Este entramado empresarial confirma el protagonismo de la diáspora en el comercio minorista de alimentos, un sector donde la identidad cultural y la visión empresarial convergen.
Más que supermercados: motores económicos

El impacto de esta industria trasciende las ventas. Según Peña, los supermercados afiliados generan al menos 15,000 empleos directos, cifra que puede elevarse hasta 25,000 al incluir suplidores y empleos indirectos.
Además, su crecimiento tiene un efecto directo en la economía dominicana. A mayor demanda en Estados Unidos, mayor necesidad de importación de productos desde la isla, lo que fortalece las exportaciones y dinamiza el flujo de remesas.
Es una relación de doble vía, donde el consumo en el exterior impulsa la producción en el país de origen.
Retos en un escenario incierto
Sin embargo, el panorama no está exento de riesgos. La volatilidad de los precios internacionales, el encarecimiento del transporte, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo configuran un entorno desafiante para el sector.
Aun así, Peña mantiene una visión optimista. Confía en la capacidad de adaptación de una comunidad que, históricamente, ha sabido reinventarse frente a la adversidad.
“Nuestra comunidad es resiliente”, afirma. Y en esa resiliencia, quizás, se encuentra la clave para sostener un modelo comercial que hoy enfrenta una de sus pruebas más complejas, con la mirada puesta tanto en sobrevivir a la crisis como en aprovechar las oportunidades que surgen en medio de ella.

