Cuando la inteligencia se convierte  en chantaje y manipulación  Porque: Pecado mortal confundir la  Inteligencia con la información.   

 

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira 

La inteligencia es un arte 

donde pocos logran aprenderse 

el libreto. 

Por naturaleza, al igual que cualquier animal, el ser humano se acostumbra a todo tipo de prisión, presión o circunstancia, en ocasiones con la sola intención de sobrevivir, pero, en otras tantas, se hace difícil el comprender la causa, aunque no tanto. 

Desde que tenemos uso de razón, nos han enseñado sobre el uso exclusivo del monopolio de la violencia por parte del Estado, incluyendo esta condición en constituciones, leyes y reglamentos, dado por correcto el uso de este para salvaguardar los intereses nacionales. Pero, como todo tiende al cambio, para bien o para mal, por igual ha ocurrido con este principio del uso de la fuerza y los organismos llamados a ejecutarlo. 

Como la verdolaga, han aparecido organismos creados por políticos ejerciendo estas funciones que al final, solo conducen al caos institucional y, esto lo vemos no solo aquí, si no, en otros países que lo están padeciendo con organismos cuasi militares o para militares que sustituyen a los órganos de represión del Estado. 

Por igual sucede con la producción de la inteligencia necesaria para establecer la seguridad nacional, cosa esta que desde hace unas décadas hemos estado padeciendo y que nadie se refiere a ella, siendo muy variados los motivos pero que ninguno tiene que ver con los intereses nacionales de la nación, más bien, todo gira alrededor de los intereses particulares, sean políticos o económicos, haciéndose difícil distinguir el uno del otro. 

Ha quedado más que demostrado que en estos tiempos llamados de modernidad y avances tecnológicos, el uso de la tecnología se ha hecho mucho más importante para sostener la seguridad de los Estados. Pero, quizás por ese hecho hemos caído en lo que en realidad significa la inteligencia y el conocimiento pleno de las realidades o amenazas.

Por eso podemos afirmar que desde hace décadas nuestros gobiernos se han decantado por aseverar lo que los ponchadores de teléfonos les han dado como verdades, obviando que solo el dinero y la manipulación del Estado es que los motiva. 

Desde hace décadas hemos sido acosados por un grupo de intocables “expertos en “inteligencia”, que, desde temprano en las campañas políticas, unos las venden y otros ofrecen gratis “informaciones” muchas veces articuladas como si fuesen legos, todo con el fin de ganarse el favor del aspirante a lo que sea, dentro del Estado. Y claro, que, una vez ganadas las posiciones, esos millones aparecen todos los meses. 

Hoy vivimos copados por equipos de inteligencia que solo son vendidos a los gobiernos pero que, estos bandoleros de la información convencen a quien dirige, para que el Estado los adquiera, aunque por lo regular han sido dobles; uno para el gobierno y el otro para el “ponchador” profesional que continúa sirviéndole a su amo aún después de haber salido del poder político.

Por eso hoy, nos encontramos con que personal civil apoyados en cualquier Pegaso, Promis o como quiera que se llame el equipo, brindando conversaciones grabadas, muchas veces editadas, todo con el fin de que el “jefe” escuche lo que desea escuchar en realidad. 

Y, algunos preguntaran qué hacen los servicios o el servicio de inteligencia ante esta situación, la razón es simple… ¡Nada! Ya que quienes dirigen le hacen más caso al ponchador que a ellos. Y no hablemos de que son invisibles o desconocidos, no señor, porque ese grupo selecto, en una sola ocasión han sido objeto de presión o acoso, ya que todo su accionar está basado en el chantaje, la difamación y la ilación asquerosa de cualquier conversación intervenida.

Entonces; ¿por qué los gobiernos han adoptado la práctica de descansar en el hombro de la “inteligencia” producida por mafias civiles y una que otra militar y no desarrollar la inteligencia del Estado? ¿Cómo explicar que un grupo de delincuentes desarmados sean quienes manipulen la inteligencia del Estado? 

Lo peor es que los dirigentes confían en que estos señores pertenecen al equipo o grupo y, quizás, hasta cierto punto sea así, pero, por igual, siempre juegan con otro frente y le recordamos, que esa lealtad siempre está sujeta, cual veleta, a los vaivenes del viento y, en este caso, al poder político y el dinero. ¡Sí señor! 

 

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