El pulso geopolítico en uno de los corredores marítimos más sensibles del planeta volvió a sentirse este lunes en los mercados energéticos. El precio del crudo reaccionó casi de inmediato a las fricciones en el estrecho de Ormuz, ese angosto paso por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, y que hoy vuelve a ser escenario de advertencias, maniobras militares y mensajes cruzados.

El barril de West Texas Intermediate (WTI) abrió la jornada con una subida del 0,54 %, situándose en 102,5 dólares. A las 9:00 de la mañana en Nueva York, los contratos de futuros para junio sumaban 0,54 dólares respecto al cierre anterior, reflejando la sensibilidad de los mercados ante cualquier señal de inestabilidad en la región del Golfo Pérsico.

La chispa detrás del repunte no tardó en identificarse. Desde Irán, las autoridades militares anunciaron que habían impedido el ingreso de destructores de Estados Unidos e Israel al estrecho de Ormuz, tras emitir —según sus propias palabras— una “advertencia firme y rápida”. El comunicado, difundido por la agencia Tasnim, dejó entrever una postura de confrontación directa en una de las rutas marítimas más vigiladas del mundo.

La retórica se endureció aún más cuando el general de división Ali Abdolahi, al frente del Comando Unificado de Operaciones Khatam al Anbiya, lanzó una advertencia sin ambigüedades: cualquier embarcación que intente cruzar el estrecho, incluyendo buques estadounidenses, podría ser blanco de ataque. No se trató de una declaración aislada, sino de una señal calculada en medio de un contexto de creciente presión internacional.

Del otro lado, el presidente Donald Trump respondió con el anuncio de la operación “Proyecto Libertad”, una maniobra de gran escala que contempla el despliegue de más de cien aeronaves, destructores, drones y unos 15.000 militares con el objetivo de desbloquear el paso marítimo y garantizar la libre navegación.

Mientras tanto, el Comando Central de Estados Unidos intentó marcar un primer avance en el terreno operativo, informando que ya había facilitado el tránsito de dos buques mercantes con bandera estadounidense a través del estrecho. Un gesto que, más que resolver la tensión, parece inaugurar una fase más delicada del conflicto.

Así, entre declaraciones cruzadas y movimientos estratégicos, el estrecho de Ormuz vuelve a ocupar el centro del tablero global. Cada buque que logra cruzarlo, cada advertencia que se emite y cada operación militar anunciada, se traduce casi de inmediato en cifras que suben en las pantallas de los mercados. El petróleo, una vez más, no solo refleja la economía, sino también el pulso incierto de la geopolítica.

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