Por: Alejandro Santos
Siendo el sector de las micro, pequeñas y medianas empresas un factor importante de generación de empleos y riquezas, tiene que enfrentar grandes limitaciones que afectan su expansión y su supervivencia.
La Encuesta Nacional de las MIPYMES realizada entre 2022 y 2023 estimó que este segmento aporta alrededor del 32 % del PIB y genera 3,052,449 empleos, equivalentes al 61.6 % de los ocupados del país.
Sin embargo, en los hechos crecen cada vez más las restricciones para el emprendimiento, la apertura y el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas en nuestro país.
Cuando se frena a las mipymes no se detiene solo un grupo de negocios; se resiente una parte determinante del funcionamiento económico nacional.
La falta de financiamiento fiable y oportuno, el alto costo del alquiler de locales comerciales, los cobros excesivos del servicio eléctrico, las exigencias de la DGII, el costo de la mano de obra, el costo del transporte y la baja en las actividades económicas son factores que limitan exageradamente la apertura, el desarrollo y la supervivencia de las pequeñas y medianas empresas.
Los espacios comerciales disponibles son cada vez más escasos, y los que aparecen resultan sumamente costosos. A eso se agrega que las zonas de mayor población parecen no tener ya hacia dónde seguir creciendo, imponiendo un límite territorial realmente reducido por la característica caótica de expansión habitacional que nos caracteriza.
Los grandes discursos que se refieren a disponer de carteras de crédito para las mipymes, la mayor parte de las veces, se quedan solo en intenciones.
El problema no es solo acceder a un préstamo, sino hacerlo en condiciones compatibles con empresas pequeñas, con menos garantías financieras y con menor capacidad de resistir cualquier cambio brusco del mercado. En muchas ocasiones, la mipyme no fracasa porque su idea sea mala, sino porque no consigue el oxígeno financiero necesario para sostenerse y crecer.
Existe, además, un factor silencioso que impacta fuertemente: la carga de cumplir en RD. No se refiere solamente al pago de los impuestos en sí mismo, sino también a lo que cuesta cumplir con todo el aparato administrativo, contable y tributario que impone el sistema. Un estudio publicado en 2025 por la revista Ciencia y Sociedad, del INTEC, concluye que ese costo tiene una estructura regresiva y golpea con mayor fuerza a las empresas más pequeñas.
Las nuevas exigencias de facturación electrónica impuestas por la DGII obligan a las pymes a instalar sistemas tributarios organizados y a contratar costosos servicios profesionales para poder cumplir con estos requerimientos.
El estudio del INTEC revela, por ejemplo, que en empresas con ventas mensuales inferiores a RD$500,000 el costo de cumplimiento supera el 2.5 % de las ventas totales. En otras palabras, mientras más pequeña es la empresa, más pesado resulta el costo de mantenerse dentro de la legalidad tributaria. Ese es un castigo silencioso al pequeño emprendimiento.
Otro elemento que puede considerarse como un obstáculo para las pymes es el costo y la dificultad para la implementación de nuevas tecnologías digitales modernas.
La deficiencia y el costo excesivo del servicio eléctrico colocan a las mipymes existentes al borde del colapso y se convierten, al mismo tiempo, en un impedimento para las nuevas que quieren entrar al mercado.
En la actualidad el problema eléctrico va de mal en peor. Increíblemente, se ha convertido en una carga tan pesada que para muchos se ha vuelto prácticamente imposible de superar.
A pesar de su gran impacto económico y social, las pymes dominicanas siguen atrapadas en un entramado de restricciones que les impide crecer con mayor solidez, consolidarse para competir en mejores condiciones y dar el salto hacia una economía más productiva.
Crecer y consolidarse para competir en mejores condiciones y dar el salto hacia una economía más productiva sigue siendo casi un privilegio prohibido para la mayoría de las micro, pequeñas y medianas empresas.
Muchos son los discursos de reconocimiento, pero en la práctica muchas continúan operando dentro de un ambiente que las obliga más a resistir que a expandirse. Esa es una de las contradicciones más visibles del modelo económico dominicano: se reconoce la importancia de las pymes, pero no se desmontan con la misma rapidez los obstáculos que las asfixian.nota e
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