Por: Alejandro Santos
Los pronunciamientos y los hechos indican que Luis Abinader persiste en mantenerse al margen de la escogencia de su sucesor y en permitir que otras corrientes asuman el protagonismo.
De continuar esa dinámica, corre el riesgo de convertirse en un presidente inorgánico del PRM: tendrá la posición cimera de su partido, pero sin la incidencia suficiente para ejercer un liderazgo preponderante.
Abinader e Hipólito Mejía han tenido que compartir, a través de sus respectivas corrientes, espacios de poder dentro del PRM y del Gobierno. Esa convivencia ha contribuido a mantener la unidad, aunque cada uno conserva su corriente y sus propios intereses.
La escogencia del próximo candidato presidencial pondrá a prueba ese equilibrio.
Una vez que Abinader deje la Presidencia de la República, si el candidato del PRM ha logrado la nominación sin depender de su respaldo, el mandatario saliente podría quedar relegado a un segundo plano.
Muchos de los dirigentes que hoy procuran mantenerse cerca del mandatario buscarán asegurar su espacio alrededor de quien represente la posibilidad de continuar en el poder.
El debilitamiento de Abinader podría ser mucho más significativo si la corriente de Hipólito logra que Carolina Mejía sea la candidata presidencial. Hipólito tendría en su hija la continuidad de su proyecto político y una oportunidad para ampliar su influencia dentro del partido.
Por supuesto, mantenerse neutral no significa necesariamente perder liderazgo. Abinader podría fortalecer su autoridad si logra conducir una competencia ordenada y conservar el reconocimiento de las distintas corrientes. Pero esa condición de árbitro tendrá que sostenerse aun después de que deje de contar con el poder que hoy le proporciona la Presidencia.
El riesgo aparece si, mientras Abinader permanece al margen, los dirigentes que hoy le responden pasan a comprometerse con otros proyectos presidenciales.
Quien obtenga la candidatura podría reunir a su alrededor buena parte de esa estructura y asumir progresivamente el protagonismo del partido. Para entonces, la presidencia del PRM podría resultar insuficiente para mantener la influencia del mandatario saliente.
Existe un precedente que permite examinar esa posibilidad que estamos planteando. Recordemos la convención de marzo de 2011: Hipólito derrotó a Miguel Vargas y obtuvo la candidatura presidencial del PRD, pese a que Miguel presidía la organización y controlaba en buena medida sus organismos. Ese control no le garantizó el respaldo de la mayoría que participó en la selección de la candidatura presidencial.
Miguel conservó la presidencia y el control institucional del PRD, mientras Hipólito encabezaba el proyecto presidencial. La confrontación entre ambos se prolongó y desembocó en una ruptura de la que surgió el PRM, con el propio Abinader entre sus fundadores. Miguel permaneció al frente de un PRD que fue perdiendo gran parte de su fuerza política y electoral.
Las circunstancias de Abinader son distintas. Sin embargo, aquella experiencia muestra que se puede conservar la dirección formal de un partido y perder el respaldo de una parte considerable de sus dirigentes y sus bases. Abinader conoce bien ese proceso: fue uno de sus protagonistas.
Por eso, mantener su predominio político dependerá de algo más que apoyar o no a uno de los aspirantes.
Luis Abinader tendrá que conservar su fuerza propia y una relación con los nuevos liderazgos que le permitan seguir incidiendo de manera determinante en las decisiones del PRM después de salir del Gobierno.
Mientras permanezca en la Presidencia, muchas diferencias encontrarán acomodo bajo su autoridad. La situación puede cambiar cuando las posiciones y las expectativas de los dirigentes comiencen a depender de otro liderazgo. Los respaldos que hoy parecen incondicionales podrían dejar de serlo.
Abinader todavía tiene espacio para evitar ese desplazamiento. Pero si da por hecho que la autoridad que ejerce desde el Gobierno lo acompañará cuando salga de él, podría terminar conservando el título de presidente del PRM mientras las decisiones importantes se toman en torno a otro, sin la fuerza suficiente para evitar convertirse en un presidente inorgánico.
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