Por: Alejandro Santos
El PLD se encuentra nuevamente ante la amenaza de una división. La disputa por la candidatura presidencial se ha ido radicalizando y ha generado obstáculos que dificultan el montaje de la consulta.
También se vislumbran posiciones distintas en ese partido: quienes se oponen radicalmente a un acuerdo con Leonel Fernández y quienes entienden que se puede llegar a un entendimiento político-electoral con él.
Quienes sostienen esas posiciones parecen procurar que sus diferencias no se expongan abiertamente ante la opinión pública. Sin embargo, esa diferencia sobre el rumbo del partido se suma a la disputa por la candidatura presidencial.
La suspensión de la consulta del PLD, prevista para el 18 de octubre, ha dejado secuelas que muestran la complejidad del proceso.
La competencia entre Francisco Javier García y Gonzalo Castillo revela un enfrentamiento entre figuras que se conocen bien, han compartido responsabilidades y provienen de una misma base de sustentación política.
Esa cercanía hace más complicada la elección. Ambos procuran conquistar el respaldo de una dirigencia sobre la cual Danilo Medina mantiene una influencia determinante.
La preponderancia del danilismo marca, en gran medida, el curso que toma el PLD. Su peso se expresa en las decisiones internas, en la distribución de posiciones y en las posibilidades de quienes aspiran a representar al partido.
Sin embargo, en la presente coyuntura, figuras importantes del entorno de Danilo se han distribuido entre los dos proyectos presidenciales. La competencia entre ambos se desarrolla dentro del danilismo, cuyos integrantes ahora necesitan administrar intereses distintos.
Cada aspirante procura demostrar que tiene mejores condiciones para encabezar la candidatura, pero también necesita conservar los vínculos con quienes respaldan a su competidor. Después de la elección, esos apoyos serán necesarios para sostener un proyecto común.
Cabe suponer que Danilo tenga una preferencia entre los dos aspirantes. En ese ambiente, cada pronunciamiento, acercamiento o silencio puede ser interpretado como una señal.
La indefinición alimenta las expectativas, aunque también puede aumentar la desconfianza entre sus equipos.
Antes de la suspensión, las diferencias sobre el padrón ya habían provocado cuestionamientos. Francisco Javier denunció la exclusión de ciudadanos, mientras la comisión organizadora sostuvo que las personas con múltiples afiliaciones debían completar un procedimiento de validación.
La controversia complicó el proceso y debilitó la confianza.
Luego llegó la suspensión de la consulta. La comisión organizadora explicó que no disponía de los equipos necesarios para realizar la votación automatizada en las condiciones aprobadas.
Francisco Javier cuestionó sus facultades para detener el proceso y planteó la posibilidad de utilizar el voto manual.
Así, las diferencias alcanzaron la autoridad para tomar decisiones y la forma en que estas debieron discutirse.
La explicación tecnológica ofrecida por la comisión no elimina las consecuencias políticas de la suspensión. Los aspirantes habían dedicado tiempo y recursos a organizar sus proyectos, mientras la militancia esperaba participar en una medición que finalmente no se realizará como estaba prevista.
Aunque la consulta no elegía formalmente al candidato presidencial, sus resultados podían influir en los apoyos internos y en el curso de la competencia.
La elección queda pendiente y, con ella, la necesidad de establecer un camino que las partes consideren confiable. Prolongar la competencia sin reglas suficientemente claras puede desgastar tanto a los aspirantes como a la organización.
Para Danilo se presenta un escenario sumamente complicado: tiene que lograr un equilibrio creíble que impida un nuevo desgarramiento en la organización morada.
Después de los cuestionamientos, las medidas para el montaje de la consulta o convención deberán ofrecer mayores garantías.
El proceso tiene que producir una candidatura legítima, con respaldo interno y con el compromiso de los dos dirigentes que hoy se enfrentan. El entendimiento tendrá que alcanzar también las diferencias sobre el rumbo político-electoral del partido.
Si deja dirigentes distanciados, equipos inconformes y una militancia desalentada, el ganador podría recibir una nominación acompañada de nuevas debilidades.
La suspensión detuvo la consulta, pero no resolvió la competencia ni las tensiones que la rodeaban.
La complicada elección del candidato presidencial del PLD dependerá de quién reúna los apoyos para imponerse y de cómo logre que los demás encuentren razones para acompañarlo.

